sábado, 17 de agosto de 2013

PALESTINA: "Siria, Egipto.... estamos hartos de que jueguen con nosotros."

Y en Egipto siguen los tiros y aumenta la cuenta de muertos, y no parece que las cosas vayan a ir a mejor. Y en la tele sólo vemos los enfrentamientos entre los dos bandos más irreconciliables: los del discurso de “el ejército dio un golpe de estado contra el presidente elegido democráticamente” -Hermanos Musulmanes y seguidores- y los del lema de “Egipto contra los terroristas”, enarbolado por la Junta Militar en el poder. Pero entre medio existe una amalgama de más de 80 millones de opiniones: anti Morsis pero pro Mubarak; anti Morsis pero también anti ejército, Pro Morsis a favor y en contra de la revolución… Egipcios que no encuentran una plataforma desde la que expresarse o un lema que apoyar. Un colega egipcio que quería deponer a Morsi a toda costa pero que anteriormente también protestó contra la Junta Militar y contra Mubarak, ha colgado este esquema hoy en Facebook, que me parece de lo más representativo:





Y las piezas en Oriente Medio se mueven, y cada uno hace sus apuestas. Arabia Saudí, enemiga visceral de las ideas republicanas de los Hermanos Musulmanes, que pueden poner en peligro su reinado teocrático, declara su apoyo a la Junta Militar. Qatar, asociado al poder emergente de la región, los Hermanos Musulmanes, los encumbra en su canal Al Jazeera (en la versión árabe). Y desde Siria, tanto los opositores, cuyo grupo más organizado es la Hermandad Musulmana; como el gobierno, que también acusa a la oposición de “terrorista”, siguen con atención los acontecimientos en el país más poblado de Oriente Medio para ver quién queda debilitado y resulta ser el malo de la película, y ver si pueden sacar partido de ello en su guerra.

Y entre los palestinos, cuyos políticos, así como los del mundo árabe y occidente les han intentado vender la moto muchas veces, están más curados de espanto. Los hay que se ponen de un bando o de otro en todos los conflictos de alrededor, a pesar de lo cual la mayoría se resigna a ver las noticias en la tele.

Hace semanas que no oigo hablar a los palestinos de mi entorno sobre las negociaciones con Israel (lo último que oí fue a varios amigos apostándose un kanafe -dulce típico palestino- a si duraban más de quince días). Sin embargo, las conversaciones sobre Siria y Egipto surgen en cualquier momento. Salvo en Hebrón y algún otro feudo de Hamas –escisión palestina de los Hermanos Musulmanes-, en el resto de Cisjordania he encontrado más apoyo al régimen sirio de Al Assad que a los rebeldes. Algunos defienden al presidente sirio sin reservas. Otros, la mayoría, sostienen que “al principio, a pesar de que considerábamos a Siria nuestra aliada, nos consternaba ver cómo el gobierno atacaba indiscriminadamente a la gente que se manifestaba. Pero ahora ha quedado claro que lo que sucede en Siria es un complot de Occidente, Turquía e Israel para destruir el país.” Son los mismos que creen que “si Siria cae, el fin de Palestina se acercará.”

En cuanto a Egipto, más o menos mismo reparto de bandos: aquellos que apoyan a Hamas, apoyan también a los Hermanos Musulmanes. Entre los que no, los hay más y menos devotos de la Junta Militar, que muchos asocian al régimen de Mubarak.

Y luego están los que alcanzan los niveles máximos de decepción general con todo lo que sucede en los países vecinos y resumen su opinión en un “estamos hartos de que jueguen con nosotros.”

Tengo un colega que trabaja en una agencia de viajes palestina que es un miembro destacado de este último grupo. Reproduzco su opinión porque, esté o no de acuerdo, me parece gráfica y representativa del sector escéptico palestino: “Todo se ha convertido en una lucha estúpida entre sunníes y chiíes”, me decía ayer por la mañana. “Antes de que estallase la guerra en Siria, todos los palestinos adoraban como a un héroe a Hassan Nasralá (líder de la facción libanesa chií Hezbolá, que lucha junto al gobierno sirio, contra los rebeldes) por sus logros y su valor contra Israel. Y ahora de repente, como se alinea con el gobierno sirio, que es chií, los seguidores de Hamas lo empiezan a odiar. ¿Qué pasa? ¿Que de pronto todas las victorias de Hezbolá contra Israel eran mentira?” Cuenta que hace poco fue a Hebrón, donde existe un gran apoyo a Hamas y recientemente se celebró una manifestación pro Morsi, “y la gente no me hablaba de rebeldes o gobierno, sino que me explicaba las diferencias entre cómo rezan los suníes y cómo los chiíes, para demostrar que los suníes son los verdaderos musulmanes. También me decían que quien realmente había quemado las iglesias en Egipto era la Junta Militar, para poder luego culpar de ello a los Hermanos Musulmanes. ¿Cómo te puedes creer semejante cosa? Lamentable.” Se declara detractor acérrimo del canal árabe de Al Jazeera. “Es veneno puro, y además se nota. Yo que soy cristiano, si viese demasiado ese canal acabaría dejándome crecer la barba y yéndome a Siria a luchar con los salafistas contra el gobierno.” Admite que no tiene forma de comprobar de primera mano cómo se están comportando los chiíes, porque en Palestina no existen, “pero estoy seguro de que están entrando de lleno al mismo juego ridículo que tiene por meta dividirnos a todos.” A este respecto, recuerda las pintadas que aparecieron hace poco en una iglesia de Belén en las que se podía leer “lucha contra el demonio”. “Me sienta mal, pero no voy a ser tan borrico de enfadarme con todos mis amigos musulmanes. El que haya escrito eso lo ha hecho con la clara intención de generar enfrentamiento, y yo no le voy a dar el gusto de preocuparme.”


Sin embargo, opina que toda la región en general se está dejando manipular. “Estamos cayendo en la misma trampa una vez más; somos lo suficientemente idiotas como para no aprender la lección y dejarnos dividir y enfrentar de nuevo. Occidente ya tiene lo que quiere: que nos matemos entre nosotros y nos mantengamos débiles y frágiles, sin levantar cabeza, para poder ocuparse de otros asuntos.” 

domingo, 3 de marzo de 2013

PALESTINA: El octavo aniversario de las manifestaciones de Bil´in en 29 fotos

El viernes pasado los vecinos del poblado palestino de Bil´in celebraron el octavo aniversario de las manifestaciones semanales del viernes contra el muro. Al llegar al pueblo, y mientras terminaba el rezo en la mezquita, me puse a observar una exposición de fotos que los manifestantes habían colocado en la calle principal junto a los botes de gas que el ejército israelí les lanza, también semanalmente. He aquí algunas de las que más me llamaron la atención:








Los vecinos de Bil´in comenzaron la marcha hacia el muro. Con motivo del octavo aniversario, les acompañaron representantes políticos de casi todos los partidos -incluido el primer ministro Salam Fayyad- manifestantes israelíes y, con el fin de cubrir el evento, decenas de periodistas.




Aquí el Nadal de Bil´in,
preparado para entrenar
su bolea con los botes de
gas que lanzan los soldados.















El acto oficial da comienzo, y el primer ministro
de la Autoridad Palestina, necesitada de popularidad
después de las protestas y huelgas palestinas contra
 ella de los últimos tiempos, se hace la foto en Bil´in.








Mientras tanto, los niños a lo suyo....




....Y los soldados tomando posiciones....


                                           

                                                         ...Y los colonos se
                                                         acomodan para
                                                         contemplar el
                                                         espectáculo.
                                                       















El acto oficial termina antes de tiempo cuando el gas lacrimógeno alcanza al primer ministro, Salam Fayyad, y sus guardaespaldas se lo llevan:




El gas lacrimógeno empieza a caer por todas partes y los soldados empiezan a disparar balas recubiertas de goma:






Cada vez lanzan el gas más lejos. Delante de mí corren unos chavales diciendo: "A este paso ¡vamos a tener que refugiarnos en el asentamiento lanzarán gas allá también!"





Los botes de gas empiezan a ser disparados directamente contra la gente, y mientras todo el mundo corre, la gente empieza a chillar: "yesh! yesh!" "¡ejército, ejército!" Los soldados han cruzado el muro y han entrado en las tierras del poblado:




Miran el panorama y empiezan a tomar el terreno






Y de nuevo empiezan a llenar todo de gas, ahora con más ángulo de disparo.




"Dispara hacia allá"




"A mandar"




"Al parque también, por si acaso"



Algunos vecinos y vecinas de Bil´in no se molestan en esconderse, como esta:




Parece que no quedan manifestantes, pero están escondidos detrás de los árboles y las piedras. Lo compruebo cuando oigo gritos de: "El trak el khara! El trak el khara!" (literalmente, "el camión de la mierda") El furgón cargado de agua fétida hace su aparición y riega a los vecinos que aún no se han ido. El olor sobre las tierras de Bil´in permanece durante días.




Los pesados de los periodistas empiezan a molestar a los soldados




Los soldados deciden retirarse. Se reagrupan, se montan en sus jeeps y marchan de vuelta al asentamiento, momento que es aprovechado por los vecinos de Bil´in que quedan para apedrear los vehículos entre gritos e insultos.




Al volver hacia el poblado, me fijo en que el lugar donde antes se encontraba la verja (que hacía de muro), se ha convertido ahora en una calle con nombre. Los vecinos de Bil´in consiguieron en 2007 que los tribunales israelíes dictasen la re localización del muro, gracias a lo cual recuperaron 100 de sus 230 hectáreas confiscadas. El lugar por el que pasaba la verja se llama ahora La Calle de la Libertad.




Pasado el cruce en dirección al poblado, yace al borde del camino la tumba de Basem Abu Rahma, un vecino y manifestante del pueblo que murió en ese mismo lugar en abril de 2009 cuando un bote de gas disparado a cuerpo a una distancia de 20 metros le acertó en el pecho. Allí mismo fue enterrado, con la intención de que no se le olvide.




domingo, 24 de febrero de 2013

PALESTINA: Palestino muerto en cárcel israelí. ¿Tan normal se ha vuelto que ya no es ni noticia?


Voy a la tienda de recuerdos de un amigo de aquí donde, sobre todo en las tardes de verano, nos juntamos varios vecinos –musulmanes, cristianos, jóvenes, mayores- a analizar la situación en Palestina. “Ayer se llevaron a mi hijo de 25 años arrestado”, me dice Omar, veterano luchador de la OLP y uno de los fijos en este comité de sabios espontáneo. Los soldados israelíes aparecieron a las dos de la mañana en el centro de Belén (zona de control palestino, donde se supone que tienen prohibido entrar), tiraron la puerta abajo y se llevaron a su hijo mayor por la fuerza. Lo que más me sorprende es el tono tranquilo y resignado con el que lo dice, como quien comenta que ayer perdió su equipo de fútbol. “¿Por qué se lo llevaron?” le pregunto: “No lo sé”, responde él. “Creemos que porque es miembro del Frente Popular.” “¿Sabes a dónde se lo han llevado?” “No. Tenemos a un abogado buscándolo” “¿Sabes cuándo lo van a soltar?” “No.” El mismo Omar pasó 8 años entre rejas por su militancia en la OLP en los 80.
El otro día acompaño a un amigo palestino a vender su coche a una mujer madre de 10 hijos e hijas. Una de ellas oye que voy a Jerusalén y me pregunta si le puedo llevar en coche, ya que ella vive allí y, aunque sólo hay 9 km entre Belén y Jerusalén, el camino en transporte público, con check points y rodeos para esquivar el muro, es demasiado penoso para su bebé de apenas un año. Por el camino, me explica que son dos hermanas y cuatro hermanos, pero uno de ellos hace 7 años que no lo ven porque está en la cárcel. “¿Por qué?” Pregunto. “No lo sabemos”, contesta ella. “Creemos que por ser simpatizante de Hamas.” “¿Cuándo será liberado?” “No lo sabemos.”
“De pequeña me gustaba jugar al fútbol y bajaba con mi padre al parque de debajo de casa”, comento en una conversación banal durante una barbacoa. “Yo no conocí a mi padre hasta los ocho años, cuando salió de la cárcel por repartir panfletos de resistencia comunista.” Contesta uno de los presentes. “El mío y varios de mis tíos estuvieron varios años en la cárcel por lo mismo. En mi casa los que iban saliendo libres se turnaban para ayudar a mi madre, que también era una activista política, a educarme a mí y a mis tres hermanos”, comenta otro.
Entrego una traducción que me encargó una agencia de turismo palestina y su contable, que algo de español entiende, lee en mis documentos: “detension administratifa. Ah, this is administrative detention in spanish!” “Sí”, respondo “ahora ya conoces el término en tres idiomas: árabe, inglés y español.” Él responde: “Sí, y en hebreo también. Me pasé 4 años en la cárcel porque mi detención administrativa (sin pruebas, basada en evidencia secreta, que por lo general dura 6 meses) se renovó 7 veces.” “¿Por qué te encarcelaron?” Él: “Nunca quedó claro el cargo exacto, pero supongo que estaba en la lista negra después de que me arrestasen varias veces durante la primera intifada por promover la desobediencia civil, repartir panfletos y tirar piedras a los soldados.”
Voy al campo de refugiados de Aida a hacer fotos del muro, (que pasa rodeándolo) y aquí y allá varias familias me invitan a tomar té. En sus salones veo fotos colgadas de chavales jóvenes. Sé que son hijos, hermanos, padres de la familia en cárceles. Una vez me di cuenta de que una de las fotos era la de una de los chavales que veía frente a mí sentado en el sofá. Pregunté a la madre por qué no había descolgado la foto, y me contestó: “No, este es su hermano gemelo.” “¿Y por qué está encarcelado?” Ella: “Por tirar piedras.” “¿Cuándo saldrá de prisión?” “No lo sabemos.”
No importa donde vayas. No importa si es gente rica, pobre, refugiada, cristiana o musulmana. Todo el mundo en palestina tiene o ha tenido al menos un familiar en prisión sin saber muy bien por qué. Y por supuesto, cuando salen, hablan de lo que les ocurrió allí dentro.
Por eso nadie se cree que la muerte en una prisión israelí de Arafat Jadarat, un joven de 30 años que fue arrestado la semana pasada en relación con protestas por los prisioneros, haya sido por un ataque al corazón, como dicen las fuentes israelíes. Su abogado accedió a él en la audiencia que tuvo el prisionero el pasado jueves, y el detenido le contó que le dolía la espalda porque “había sido golpeado y colgado durante horas mientras era interrogado”, despertando familiares y agónicos recuerdos en un gran número de palestinos que han pasado por las prisiones israelíes. Las técnicas empleadas en los interrogatorios no son ningún secreto; sin ir más lejos, uno de los ex directores de los servicios secretos israelíes (Shin Bet), las describe detalladamente para el documental ‘The Gatekeepers’, que podría conseguir un Oscar esta misma noche.
 Su detención se extendió otros nueve días para continuar investigándolo, y el sábado, ayer, apareció muerto.
                ¿Le importa a alguien fuera de estas borrosas fronteras? ¿Qué se cuenta en España? ¿Se puede obviar tranquilamente la muerte de otro palestino, aunque sea a manos de la única democracia de Oriente Medio? Todas las mañanas leo las noticias. Hoy ha sido una excepción. Me he levantado y he pasado directamente a contestar todos los mails y llamadas que no he contestado durante la semana (en este caso varias semanas), limpiar un poco la casa y ese tipo de cosas que suelo hacer los domingos por la mañana, si tengo tiempo. Para no estar del todo desconectada, he dejado puesto el canal de BBC World.
Arafat Jaradat murió ayer, y no me he enterado de ello por la BBC. Ha sido cuando he empezado a escuchar tiros en la lejanía desde mi salón. He abierto la ventana y he concentrado mi oído en el ruido para asegurarme de que no eran los cohetes y fuegos que se lanzan normalmente en las bodas. Con la cabeza girada para oír mejor, lo que tenía en frente de mí es el monstruoso asentamiento de Har Homa, con su forma de tarta blanca amurallada en la cima de lo que anteriormente fue una colina cubierta de densos pinares como ya quedan pocos en Cisjordania. Una columna de humo que subía de las cercanías del campo de refugiados de Aida ha confirmado mi sospecha. “Más manifestaciones por los prisioneros”, pienso. Echo un último vistazo al tranquilo asentamiento, que parece mirar para otro lado, aislado por su verja electrificada que pasa casi por debajo de mi terraza. Antes de salir corriendo por la puerta, abro en internet un canal de noticias palestino para ver si hay algo nuevo. Es entonces cuando leo que Ahmad Jaradat ha muerto en una cárcel israelí.
En el campo de Aida hay contenedores de Naciones Unidas quemados, torres de vigilancia israelíes en llamas y jóvenes palestinos tirando piedras y esquivando las balas recubiertas de goma. Leo al volver que en las manifestaciones de Ramallah, entre otras, se ha usado munición real, y hay un chaval de 13 años en un hospital con una bala en el pecho.
La tensión durante esta semana ya era alta, y los análisis avisaban de un incremento de la violencia si alguno de los prisioneros en huelga de hambre moría. No ha hecho falta. Jaradat fue arrestado hace unos pocos días; no le dio tiempo ni a empezar la huelga.
Israel insiste en la teoría del infarto, y tranquilamente ha pedido a la ANP que calme las protestas porque dentro de poco viene Obama. De hecho, ha ofrecido al liderazgo palestino devolver los 100 millones de dólares de impuestos que recolectó en su nombre en enero y que hasta ahora retenía, con tal de controle a su gente. Como si fuese un favor o un regalo. El ministro de Asuntos de los Prisioneros, Issa Qraqe, ha contestado: “Estos disturbios no se producen tras una decisión; son manifestaciones espontáneas contra las injusticias de Israel. Si Obama quiere una visita tranquila, que presione a Israel para liberar a los prisioneros políticos.”
Los arrestos se suceden sin que a nadie le importe. La semana pasada fue encarcelado, también mediante detención administrativa sin pruebas y sin derecho a acceder a un abogado, el dibujante de tiras cómicas Mohammad Sabaaneh, del periódico oficial de la ANP. El pasado jueves se extendió su detención por otros nueve días. Me recuerda a lo que sucede en otros lugares supuestamente menos democráticos.


Tira del dibujante Mohammad Sabaaneh
http://bit.ly/VEAsqQ )


Esta noche dos películas, una israelí y otra palestina, compiten por el Oscar a mejor documental, y las dos tratan, de lleno o de pasada, las detenciones aleatorias palestinas. A ver si por lo menos, con un poco de suerte, me levanto mañana y la BBC cuenta que ha ganado alguna de las dos.


miércoles, 13 de febrero de 2013

PALESTINA-ISRAEL: Gideon Levy y Hanin Zoabi. Reflexiones aparte.


“Si se prohíbe a los israelíes entrar en Macy´s o al Maccabi ir a Europa, la ocupación se termina mañana”





El pasado domingo, el hotel American Colony de Jerusalén juntó en una conferencia sobre los resultados de las elecciones israelíes a dos de los personajes más polémicos de la escena pública y política israelí: el periodista de Haaretz, Gideon Levy, y la parlamentaria palestina-israelí, Hanin Zoabi. El primero, conocido por sus afiladas críticas a todo político israelí que dificulte, ignore o rechace la paz con los palestinos; la segunda, famosa desde su participación en la Flotilla rumbo a Gaza de 2010, momento desde el cual sus compañeros parlamentarios la consideraron una terrorista y comenzaron a hacerle la vida imposible. La combinación de ambos prometía reflexiones alternativas y conclusiones alejadas de las de los análisis de la prensa común –por lo menos de la israelí- y así fue. Aquí lo tenéis http://bit.ly/XzO4Ac

Pero esta entrada la quiero dedicar a otras cuestiones y reflexiones que surgieron a partir de la ronda de preguntas, que me parecieron igual de interesantes.

Durante su exposición, tanto Gideon Levy como Hanin Zuabi denunciaron la inexistencia de la izquierda política israelí, por lo que alguien entre el público preguntó al primero por el rol y la importancia de los grupos de activistas israelíes en un posible cambio. Levy aprovechó para realizar un análisis psicológico de su propia sociedad; esta fue su respuesta: 

“Existe una larga lista de grupos israelíes que compromete su tiempo, su dinero y a veces su carrera para por lo menos dar algo de dignidad a la sociedad israelí. Pero son muy marginales y tienen muy poca influencia. El problema es que la sociedad israelí tiene tantos escudos que le protegen de las preguntas morales que es casi imposible cambiarla. Por ejemplo: cuando los soldados de Breaking the Silence empezaron a contar lo que hacían en los territorios ocupados, pensamos que la ocupación colapsaría. No eran izquierdistas quienes hablaban, sino los propios soldados, y teníamos grandes esperanzas. Se creó un gran debate y el número de refusniks aumentó, pero el portavoz del ejército, con la ayuda de los medios, llevó a cabo una campaña sistemática de deslegitimación que funcionó. Ya es de por sí difícil hacer al público israelí mirar desde otro punto de vista, y encima la tele les decía lo que querían oír: que habían sido solo unas excepciones. Así que la sociedad no se vio sacudida ni por un momento. La situación en Israel seguirá igual hasta que pase algo gordo que le enseñe a la gente que la situación no puede continuar así.”

                Hanin Zoabi recordaba que “para poder acabar con la ocupación en Cisjordania y Gaza debe crearse una base y una infraestructura adecuada en Israel, y para eso tenemos que hablar de lo que pasó en 1948, no sólo de 1967. Porque cuando hablamos de 1967, tenemos que saber que lo hacemos porque los palestinos hicimos una gran concesión renunciando al 70% del territorio.” Sin embargo, opina que lo que sucede no es sólo culpa de Israel y asume su parte de responsabilidad:

“Israel no paga el precio de la ocupación y no es sólo culpa de la extrema derecha israelí. También es culpa de los palestinos, porque tenemos que luchar. Ninguna opresión terminó sin luchar. ¿Qué se puede hacer? Se puede dejar de colaborar en materia de seguridad con Israel (en relación a la Autoridad Palestina) y decir claramente: Israel no es una contraparte para la paz y no queremos negociar.” Y lanzarnos a la calle siguiendo el modelo de Tahrir, en Egipto. Protestas pacíficas masivas, desobediencia civil y devolver la ocupación a la agenda. La gente israelí no puede levantarse e irse a la cama sin saber ni notar a los palestinos. Debemos dejar de hablar de dos estados o un estado y concentrarnos en el objetivo principal: acabar con la ocupación y la discriminación. Los palestinos necesitan una primavera árabe que desarrolle nuevas fuerzas personales, porque no que creo que las que existen ahora den lugar a un escenario diferente. La ANP no puede ir a pedir a Europa cosas que los palestinos se resignan a no tener. Puedo exigir cosas a Europa, pero no se van a molestar en hacer nada ni se van a convencer de la importancia de lo que les pedimos si nos ven dormidos y resignados.”

                Alguien de entre el público trajo a colación el movimiento de Boicot, Desinversión y Sanciones contra Israel, y preguntó a Gideon Levy si le parecía efectivo y si lo apoyaba. Otro nuevo análisis de su sociedad por respuesta:

                “La función de esta iniciativa es que paguen el precio por la ocupación, y me parece muy noble y legítimo. En Sudáfrica funcionó muy bien y aquí debería ser igual. Y os aseguro que si se les prohíbe a los israelíes que entren en las Galerías Lafayette o Macy´s, o que el Maccabi juegue la liga europea, la ocupación se termina mañana. Pero tenemos que ser realistas: Durante la Segunda Intifada, los israelíes pagaron un gran precio por la ocupación con la violencia y los atentados suicidas, pero nunca hicieron la asociación entre ello y la ocupación. Simplemente dijeron: que horribles son los árabes, que vienen y nos matan.” Siempre sacamos la conclusión errónea. El movimiento de boicot, al nivel actual, no está funcionando porque la sociedad aún no ha hecho la conexión necesaria. En vez de concluir: “A lo mejor la ocupación es mala”. Piensan: “Nos odian” y se vuelven más nacionalistas.”

                En relación con ello, a Hanin Zoabi se le preguntó sobre su línea roja para abandonar toda participación en el sistema político israelí y boicotearlo. “Nos iremos en el instante en que nos impidan representar nuestra visión democrática. De momento me han amenazado, insultado, han intentado que no pueda presentarme a las elecciones... pero todavía no han conseguido echarme, lo cual significa que aún podemos luchar.”

En un momento dado, una mujer judía británica de la audiencia preguntó a Hanin Zoabi cómo lidiaría con Irán, Siria y el resto de enemigos de Israel si ella fuera ministra del gobierno, teniendo en cuenta “la amenaza existencial a la que Israel y los judíos se enfrentan.” La respuesta, tan directa como concisa:

“Si yo fuese ministra es porque estaríamos ante una realidad totalmente diferente en la que esta pregunta no sería necesaria.”

Un buen montón de argumentos, lejos de los típicos análisis locales, sobre los que reflexionar. 

lunes, 4 de febrero de 2013

PALESTINA: Una oveja del valle del Jordán: "Si lo sé me hago colona"


(AVISO: Sé que la longevidad de las ovejas es de 18-20 años, por lo menos de las que no son palestinas, pero no seáis aguafiestas y ¡echarle imaginación!)

Hola, soy una oveja y mi dueño es palestino y nómada. Bueno, lo primero lo sigue siendo, para mi desgracia, pero lo segundo lo era, algo que tampoco mejora las cosas. Entre el 48 y el 67, cuando nos dirigía Jordania, vivíamos los seis meses más fríos en el Valle del Jordán y los seis más cálidos en las colinas del sur de Hebrón; es decir: nuestros dueños nos llevaban a donde había agua.

Pero después de que Israel invadió Cisjordania en el 67, a humanos y animales palestinos nos prohibieron desplazarnos. Mala suerte: coincidió que cuando lo decidieron nos pilló en el Valle del Jordán.

Para finales de los 60 el valle se convirtió en un área militar cerrada controlada por el ejército israelí, quien pensó que era el lugar perfecto para realizar ensayos y maniobras militares. Queríamos que nuestros dueños nos sacasen a pastar, pero desde entonces sólo nos pueden llevar a no más de 500 metros del antiguo canal de agua jordano que cruza las tierras. La buena noticia es que en verano, cuando hace 50 grados y no hay agua ni pastos, podemos movernos libres a donde queramos. El resto del tiempo el lugar se convierte en reserva natural israelí; por eso, en invierno procuramos no comer mucha de esa hierba; si la policía nos ve, detienen a nuestros dueños. Y aunque no seamos las que más suerte hemos tenido con nuestros dueños, cualquiera se arriesga a intentar sobrevivir sola en este secarral lleno de campos minados. Si por lo menos Israel quisiera entregar los mapas que sitúan las 200.000 minas que hay en este valle… pero no quiere, y tiene sus razones: “razones de seguridad.”

Una vez en los 80, nuestros dueños decidieron dejar temporalmente el área de Ras al Ouja, donde vivimos, y llevarnos a Samra, en el norte del Valle, para buscarnos agua. Los israelíes se enfadaron tanto que nos secuestraron a mí y al resto de ovejas y nos llevaron a un asentamiento. Pasamos miedo, pero nos quedamos asombradas al ver agua por todas partes, césped, ovejas que se pegaban la vidorra… Otra vida era posible… Para volver junto a nuestros pastores, estos tuvieron que pagar 10 dinares (diez euros) por cada una de nosotras.

No nos habíamos recuperado aún del susto cuando de pronto empezamos a ponernos enfermas. Según entendimos, Israel cavó pozos de gran profundidad para surtir de agua a los asentamientos, y al hacerlo, sacó sal a la superficie, que acabó en el canal jordano, que es del que nosotras bebemos. Antes odiábamos el verano, pero ahora lo preferimos, porque el canal se seca y nuestros dueños se ven obligados a comprar bidones de agua. Les salen caros, pero por lo menos no nos envenenamos. –Por si no os lo había contado antes, en los poblados tampoco tenemos agua ni electricidad; Israel no nos lo permite.-

Peor están mis primas del norte, las de la zona de Al Maleh. Si nosotras nos estresamos con los cazas volando a baja altura, allá el ejército ensaya directamente con tanques y artillería real porque, según explicaron los soldados a los pastores, la zona es perfecta para realizar maniobras porque se parece al sur de Líbano. Cuando esto sucede, sus dueños las encierran en los corrales, hechos de metal, y ellos se resguardan en tiendas de campaña. Al igual que a nuestros pastores, no se les permite construir nada que implique cemento.

A mí la hierba palestina y la hierba israelí me saben igual. Pero por alguna razón, la israelí no la podemos comer. El caso de mis primas es más complejo, y me cuesta aclararme. Parece ser, según me cuentan, que la mayoría de las tierras en las que pastan son propiedad de la iglesia latina palestina. “Pero entonces, la podéis comer, ¿no?”, les pregunto. Ellas me dicen que no, “porque estamos en área C, control israelí, y cada vez que lo intentamos los soldados piden a nuestros dueños los papeles que demuestren que la iglesia nos ha dado permiso para pastar ahí. Y por lo visto no nos ha dado ninguno. Los pastores han ido a pedirles que les alquilen las tierras, que les den permisos, algo, para que las ovejas no corramos peligro de muerte cada vez que salimos a pastar. Pero nada. Y alquilar las tierras no debe de ser algo imposible para la iglesia latina, porque ya hace tiempo alquilaron una parte a Israel para que montase una base militar.”

Hace poco me encontré con una oveja de un asentamiento, y ya me puse borde, y le dije: “Oye, ¿por qué tus dueños quieren que los nuestros se vayan de aquí?” Ella me dijo: “Es por vuestra seguridad. Aquí se hacen ensayos militares y en una de esas os pueden matar.” Se debió de pensar que soy idiota. “Pues entonces vosotros también deberías largaros”, le contesté toda digna. A ella le dio la risa. No se molestó ni en contestarme. De vuelta a mi triste poblado de agua envenenada, pensé: “No, si la idiota soy yo. Para la próxima me hago oveja colona.”

ISRAEL: Elecciones. Análisis rápido, que también hay otras cosas.


Un análisis de las elecciones israelíes que, a juzgar por los pocos cambios que se prevé que traigan, voy a hacer más bien rápido:

El Likud de Benyamin Netanyahu y  el Yisrael Beitenu de Avigdor Lieberman, los mismos que ya gobernaban antes, han vuelto a ser los más votados, por lo menos en bloque, aunque han obtenido 11 escaños menos que la última vez. El Kadima de Livni, que fue el segundo en 2009, ha desaparecido del mapa.

La mayoría de los votos perdidos por Netanyahu y Lieberman se corresponden con los de colonos que han optado por apoyar al Habayit Hayehudi de Naftali Bennett, que dice claramente que lo que hay que hacer con Cisjordania es anexarse el área C que Israel controla (osea, el 70%) y convertir el resto en reservas; algo que muchos piensan pero no dicen.

Los votos perdidos de Kadima han ido a parar al laborismo y, sobre todo, al ‘Hay Futuro’ de Yair Lapid, que vendía reformas sociales y económicas y, promesa estrella, igualdad para los ultra ortodoxos a la hora de hacer el ejército.

Posibles coaliciones:

Netanyahu y Lieberman se alían con los ultraortodoxos, es decir Shas y United Torah, sumando 49 escaños entre todos. Otros partidos de derecha entrarían en la coalición para llegar a los 61 asientos necesarios para gobernar. Resultado: misma situación que en los últimos cuatro años. Consecuencias para Palestina: más de lo mismo.

Netanyahu y Lieberman se alían con Bennett y Lapid, estos dos últimos ya en conversaciones. Una extraña coalición teniendo en cuenta que, de acuerdo con su programa electoral, Lapid es de centro izquierda. Pero sumarían 62 escaños, una buena mayoría de partidos que podrían sacar adelante algún arreglo para que los ultra ortodoxos participen en el ejército o por lo menos cumplan un servicio alternativo. Si United Torah no entra en la coalición, Shas podría hacerlo, argumentando –como de hecho hace- que no se puede (o no se debe) llegar a ningún acuerdo sobre los ultra ortodoxos y el ejército sin contar con ellos. Resultado: el tema de los ultra ortodoxos sería tratado y centraría la atención de los israelíes frente a otros asuntos; y si Lapid es nombrado ministro de exteriores, el escaparate frente a la comunidad internacional (comparado con el que ofrecía el ex ministro ultra derechista Lieberman) mejoraría bastante. Consecuencias para Palestina, teniendo en cuanta que Bennett formaría parte del gobierno y que Lapid sería el único de centro izquierda pero tiene otras prioridades antes que Cisjordania y Gaza: más de lo mismo.

Entre los palestinos, desinterés. Varias veces pregunté a gente de a pie, no relacionada con la política o el activismo, sobre las elecciones. La respuesta más común: “Pues no sé… ¿cuándo son?”

domingo, 19 de agosto de 2012

PALESTINA: El Ramadan, un año más, bajo ocupación


El Ramadán ha terminado. Y ha sido intenso, porque esta vez ha caído en el mes de agosto: los ayunos son más largos porque la luz diurna dura más, y el calor hace más tortuoso el hecho de no poder beber nada. Y ni siquiera se pueden apaciguar los nervios fumando un cigarro, hasta el atardecer.
Los musulmanes acogen a sus familias, vecinos, amigos, para cenar, o como los musulmanes dicen, “desayunar”; invitaciones que luego tienen que ser devueltas. Incluso algunas familias cristianas invitan al “fetar” a amigos musulmanes.
Aunque el Ramadan, como casi todo por estas tierras, también tiene contradicciones. Quizá por los ánimos caldeados que provoca el no poder comer durante el día, los crímenes y peleas se multiplican, así como el precio de vegetales y carnes. Además, se compra y consume el triple de comida que durante el resto del año.
N y S son dos madres de 35 y 36 años con tres y dos hijos respectivamente, que trabajan en una oficina de contabilidad. La primera cumple el Ramadán de manera personal, evitando las invitaciones para no tener que devolverlas y continuando con su vida normal. La segunda, en cambio, se apunta a todo. El martes pasado fue la Noche del Destino, que recuerda el momento en que el Corán le comenzó a ser revelado a Mahoma. Los musulmanes se congregan en la explanada de las mezquitas, en Jerusalén, y pasan la noche allí. S se dispuso a salir de Ramala a Jerusalén con sus hijos, de seis y cuatro años. Ella tiene un permiso para ir a Jerusalén debido a su trabajo, no así su marido y sus hijos. Consiguió gestionar un permiso para su marido, pero al parecer su hija de seis años era una amenaza para la seguridad y se lo denegaron. “Antes, todos los menores de 16 años podían entrar en Jerusalén sin permisos, pero me informaron de que ahora las normas han cambiado”, cuenta. Así pues, decidió ir a Jerusalén con su hijo, y cuando por fin consiguió cruzar el abarrotado cruce de Qalandia, que separa Ramala de Jerusalén, el soldado que lo custodia cerró la puerta metálica de un portazo, golpeando en la espalda a su hijo. “Debía ser una noche especial, pero en vez de eso mi hijo se pasó toda la noche llorando”.
Pocas horas más tarde, H, conductor de 45 años, trataba de cruzar por el mismo paso hacia Jerusalén con sus dos hijos de 5 y 7 años. A pesar de que vive normalmente en Ramala, posee el permiso de residencia permanente en Jerusalén, por lo que ni él ni sus hijos necesitan permisos especiales para entrar y salir, aunque igualmente deben cruzar el check point. “Justo cuando llegábamos a la última puerta metálica, alguien que se cansó de esperar lanzó una botella a un soldado, así que la puerta se cerró delante de nosotros y la gente empezó a empujarnos contra ella. Mis hijos empezaron a llorar y yo le chillé al soldado israelí: “Oye, soy de Jerusalén, déjame pasar, mis hijos se están ahogando aquí”. La respuesta del soldado: “¿Te parece que me importa?”
Muchos otros han dejado de ayunar, aunque procuran no comer delante del resto o directamente fingen que ayunan para que nadie les mire mal. Las normas sociales son a veces más importantes que las religiosas. “Yo ya no ayuno porque el Ramadán ya no es lo que era, ha perdido su significado”, reconoce por lo menos O, retirado de 65 años que luchó con la OLP en Jordania en los 60. “El sentido del Ramadán es acordarse de los pobres y empatizar con ellos; cuando yo era joven dábamos al vecino aquello que le faltaba para preparar su fetar: si yo tenía una huerta de lechugas y mi vecino no, yo le daba mis lechugas, y él me daba otra cosa que yo no tuviera. Ahora se encargan grandes comilonas a los restaurantes.” Yo le cuento que en Egipto los vecinos preparaban una mesa en la calle y la llenaban de comida para que aquellos que no tenían qué llevarse a la boca pudieran comer de ella. Pero no le convence: “¿Por qué no invitar directamente al pobre a comer en casa con la familia? Eso es lo que hacíamos nosotros hace mucho tiempo.” O es un nostálgico: “El ayuno lo comenzaron a hacer las tribus anteriores a Mahoma; lo hacían durante una semana, cada tribu en su propio momento del año. Pero Mahoma unió a los musulmanes e hizo que todos cumplieran el Ramadan a la vez y durante un mes. Ya ha perdido todo el significado.”
Los cristianos, por su parte, también se alegran de que el Ramadan haya terminado. Ellos comen y beben normalmente, pero lo que pasa a su alrededor les afecta. “Ya tenía ganas de que acabase. Siempre evitamos comer delante de ellos y yo trabajo todo el día en una oficina llena de musulmanes”, cuenta W. “A veces les pregunto si están ayunando, para comer o beber agua en otro sitio, y me contestan medio enfadados que por supuesto, y luego cuando nos quedamos solos algunos vienen y me piden un cigarro. Eso por no hablar de los atascos y embotellamientos de los checkpoints que hay cada dos por tres cuando los musulmanes se desplazan en masa de un sitio a otro para sus celebraciones.” “Ya llegará la Navidad o la Semana Santa y les molestaréis vosotros a ellos”, le respondo. “¡Eso si me dan un permiso para cruzar a Jerusalén!” me contesta él.
Por de pronto, el Ramadan ha terminado y todo ha vuelto a la normalidad, si es que al día a día palestino se le puede llamar así.