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domingo, 3 de marzo de 2013

PALESTINA: El octavo aniversario de las manifestaciones de Bil´in en 29 fotos

El viernes pasado los vecinos del poblado palestino de Bil´in celebraron el octavo aniversario de las manifestaciones semanales del viernes contra el muro. Al llegar al pueblo, y mientras terminaba el rezo en la mezquita, me puse a observar una exposición de fotos que los manifestantes habían colocado en la calle principal junto a los botes de gas que el ejército israelí les lanza, también semanalmente. He aquí algunas de las que más me llamaron la atención:








Los vecinos de Bil´in comenzaron la marcha hacia el muro. Con motivo del octavo aniversario, les acompañaron representantes políticos de casi todos los partidos -incluido el primer ministro Salam Fayyad- manifestantes israelíes y, con el fin de cubrir el evento, decenas de periodistas.




Aquí el Nadal de Bil´in,
preparado para entrenar
su bolea con los botes de
gas que lanzan los soldados.















El acto oficial da comienzo, y el primer ministro
de la Autoridad Palestina, necesitada de popularidad
después de las protestas y huelgas palestinas contra
 ella de los últimos tiempos, se hace la foto en Bil´in.








Mientras tanto, los niños a lo suyo....




....Y los soldados tomando posiciones....


                                           

                                                         ...Y los colonos se
                                                         acomodan para
                                                         contemplar el
                                                         espectáculo.
                                                       















El acto oficial termina antes de tiempo cuando el gas lacrimógeno alcanza al primer ministro, Salam Fayyad, y sus guardaespaldas se lo llevan:




El gas lacrimógeno empieza a caer por todas partes y los soldados empiezan a disparar balas recubiertas de goma:






Cada vez lanzan el gas más lejos. Delante de mí corren unos chavales diciendo: "A este paso ¡vamos a tener que refugiarnos en el asentamiento lanzarán gas allá también!"





Los botes de gas empiezan a ser disparados directamente contra la gente, y mientras todo el mundo corre, la gente empieza a chillar: "yesh! yesh!" "¡ejército, ejército!" Los soldados han cruzado el muro y han entrado en las tierras del poblado:




Miran el panorama y empiezan a tomar el terreno






Y de nuevo empiezan a llenar todo de gas, ahora con más ángulo de disparo.




"Dispara hacia allá"




"A mandar"




"Al parque también, por si acaso"



Algunos vecinos y vecinas de Bil´in no se molestan en esconderse, como esta:




Parece que no quedan manifestantes, pero están escondidos detrás de los árboles y las piedras. Lo compruebo cuando oigo gritos de: "El trak el khara! El trak el khara!" (literalmente, "el camión de la mierda") El furgón cargado de agua fétida hace su aparición y riega a los vecinos que aún no se han ido. El olor sobre las tierras de Bil´in permanece durante días.




Los pesados de los periodistas empiezan a molestar a los soldados




Los soldados deciden retirarse. Se reagrupan, se montan en sus jeeps y marchan de vuelta al asentamiento, momento que es aprovechado por los vecinos de Bil´in que quedan para apedrear los vehículos entre gritos e insultos.




Al volver hacia el poblado, me fijo en que el lugar donde antes se encontraba la verja (que hacía de muro), se ha convertido ahora en una calle con nombre. Los vecinos de Bil´in consiguieron en 2007 que los tribunales israelíes dictasen la re localización del muro, gracias a lo cual recuperaron 100 de sus 230 hectáreas confiscadas. El lugar por el que pasaba la verja se llama ahora La Calle de la Libertad.




Pasado el cruce en dirección al poblado, yace al borde del camino la tumba de Basem Abu Rahma, un vecino y manifestante del pueblo que murió en ese mismo lugar en abril de 2009 cuando un bote de gas disparado a cuerpo a una distancia de 20 metros le acertó en el pecho. Allí mismo fue enterrado, con la intención de que no se le olvide.




domingo, 24 de febrero de 2013

PALESTINA: Palestino muerto en cárcel israelí. ¿Tan normal se ha vuelto que ya no es ni noticia?


Voy a la tienda de recuerdos de un amigo de aquí donde, sobre todo en las tardes de verano, nos juntamos varios vecinos –musulmanes, cristianos, jóvenes, mayores- a analizar la situación en Palestina. “Ayer se llevaron a mi hijo de 25 años arrestado”, me dice Omar, veterano luchador de la OLP y uno de los fijos en este comité de sabios espontáneo. Los soldados israelíes aparecieron a las dos de la mañana en el centro de Belén (zona de control palestino, donde se supone que tienen prohibido entrar), tiraron la puerta abajo y se llevaron a su hijo mayor por la fuerza. Lo que más me sorprende es el tono tranquilo y resignado con el que lo dice, como quien comenta que ayer perdió su equipo de fútbol. “¿Por qué se lo llevaron?” le pregunto: “No lo sé”, responde él. “Creemos que porque es miembro del Frente Popular.” “¿Sabes a dónde se lo han llevado?” “No. Tenemos a un abogado buscándolo” “¿Sabes cuándo lo van a soltar?” “No.” El mismo Omar pasó 8 años entre rejas por su militancia en la OLP en los 80.
El otro día acompaño a un amigo palestino a vender su coche a una mujer madre de 10 hijos e hijas. Una de ellas oye que voy a Jerusalén y me pregunta si le puedo llevar en coche, ya que ella vive allí y, aunque sólo hay 9 km entre Belén y Jerusalén, el camino en transporte público, con check points y rodeos para esquivar el muro, es demasiado penoso para su bebé de apenas un año. Por el camino, me explica que son dos hermanas y cuatro hermanos, pero uno de ellos hace 7 años que no lo ven porque está en la cárcel. “¿Por qué?” Pregunto. “No lo sabemos”, contesta ella. “Creemos que por ser simpatizante de Hamas.” “¿Cuándo será liberado?” “No lo sabemos.”
“De pequeña me gustaba jugar al fútbol y bajaba con mi padre al parque de debajo de casa”, comento en una conversación banal durante una barbacoa. “Yo no conocí a mi padre hasta los ocho años, cuando salió de la cárcel por repartir panfletos de resistencia comunista.” Contesta uno de los presentes. “El mío y varios de mis tíos estuvieron varios años en la cárcel por lo mismo. En mi casa los que iban saliendo libres se turnaban para ayudar a mi madre, que también era una activista política, a educarme a mí y a mis tres hermanos”, comenta otro.
Entrego una traducción que me encargó una agencia de turismo palestina y su contable, que algo de español entiende, lee en mis documentos: “detension administratifa. Ah, this is administrative detention in spanish!” “Sí”, respondo “ahora ya conoces el término en tres idiomas: árabe, inglés y español.” Él responde: “Sí, y en hebreo también. Me pasé 4 años en la cárcel porque mi detención administrativa (sin pruebas, basada en evidencia secreta, que por lo general dura 6 meses) se renovó 7 veces.” “¿Por qué te encarcelaron?” Él: “Nunca quedó claro el cargo exacto, pero supongo que estaba en la lista negra después de que me arrestasen varias veces durante la primera intifada por promover la desobediencia civil, repartir panfletos y tirar piedras a los soldados.”
Voy al campo de refugiados de Aida a hacer fotos del muro, (que pasa rodeándolo) y aquí y allá varias familias me invitan a tomar té. En sus salones veo fotos colgadas de chavales jóvenes. Sé que son hijos, hermanos, padres de la familia en cárceles. Una vez me di cuenta de que una de las fotos era la de una de los chavales que veía frente a mí sentado en el sofá. Pregunté a la madre por qué no había descolgado la foto, y me contestó: “No, este es su hermano gemelo.” “¿Y por qué está encarcelado?” Ella: “Por tirar piedras.” “¿Cuándo saldrá de prisión?” “No lo sabemos.”
No importa donde vayas. No importa si es gente rica, pobre, refugiada, cristiana o musulmana. Todo el mundo en palestina tiene o ha tenido al menos un familiar en prisión sin saber muy bien por qué. Y por supuesto, cuando salen, hablan de lo que les ocurrió allí dentro.
Por eso nadie se cree que la muerte en una prisión israelí de Arafat Jadarat, un joven de 30 años que fue arrestado la semana pasada en relación con protestas por los prisioneros, haya sido por un ataque al corazón, como dicen las fuentes israelíes. Su abogado accedió a él en la audiencia que tuvo el prisionero el pasado jueves, y el detenido le contó que le dolía la espalda porque “había sido golpeado y colgado durante horas mientras era interrogado”, despertando familiares y agónicos recuerdos en un gran número de palestinos que han pasado por las prisiones israelíes. Las técnicas empleadas en los interrogatorios no son ningún secreto; sin ir más lejos, uno de los ex directores de los servicios secretos israelíes (Shin Bet), las describe detalladamente para el documental ‘The Gatekeepers’, que podría conseguir un Oscar esta misma noche.
 Su detención se extendió otros nueve días para continuar investigándolo, y el sábado, ayer, apareció muerto.
                ¿Le importa a alguien fuera de estas borrosas fronteras? ¿Qué se cuenta en España? ¿Se puede obviar tranquilamente la muerte de otro palestino, aunque sea a manos de la única democracia de Oriente Medio? Todas las mañanas leo las noticias. Hoy ha sido una excepción. Me he levantado y he pasado directamente a contestar todos los mails y llamadas que no he contestado durante la semana (en este caso varias semanas), limpiar un poco la casa y ese tipo de cosas que suelo hacer los domingos por la mañana, si tengo tiempo. Para no estar del todo desconectada, he dejado puesto el canal de BBC World.
Arafat Jaradat murió ayer, y no me he enterado de ello por la BBC. Ha sido cuando he empezado a escuchar tiros en la lejanía desde mi salón. He abierto la ventana y he concentrado mi oído en el ruido para asegurarme de que no eran los cohetes y fuegos que se lanzan normalmente en las bodas. Con la cabeza girada para oír mejor, lo que tenía en frente de mí es el monstruoso asentamiento de Har Homa, con su forma de tarta blanca amurallada en la cima de lo que anteriormente fue una colina cubierta de densos pinares como ya quedan pocos en Cisjordania. Una columna de humo que subía de las cercanías del campo de refugiados de Aida ha confirmado mi sospecha. “Más manifestaciones por los prisioneros”, pienso. Echo un último vistazo al tranquilo asentamiento, que parece mirar para otro lado, aislado por su verja electrificada que pasa casi por debajo de mi terraza. Antes de salir corriendo por la puerta, abro en internet un canal de noticias palestino para ver si hay algo nuevo. Es entonces cuando leo que Ahmad Jaradat ha muerto en una cárcel israelí.
En el campo de Aida hay contenedores de Naciones Unidas quemados, torres de vigilancia israelíes en llamas y jóvenes palestinos tirando piedras y esquivando las balas recubiertas de goma. Leo al volver que en las manifestaciones de Ramallah, entre otras, se ha usado munición real, y hay un chaval de 13 años en un hospital con una bala en el pecho.
La tensión durante esta semana ya era alta, y los análisis avisaban de un incremento de la violencia si alguno de los prisioneros en huelga de hambre moría. No ha hecho falta. Jaradat fue arrestado hace unos pocos días; no le dio tiempo ni a empezar la huelga.
Israel insiste en la teoría del infarto, y tranquilamente ha pedido a la ANP que calme las protestas porque dentro de poco viene Obama. De hecho, ha ofrecido al liderazgo palestino devolver los 100 millones de dólares de impuestos que recolectó en su nombre en enero y que hasta ahora retenía, con tal de controle a su gente. Como si fuese un favor o un regalo. El ministro de Asuntos de los Prisioneros, Issa Qraqe, ha contestado: “Estos disturbios no se producen tras una decisión; son manifestaciones espontáneas contra las injusticias de Israel. Si Obama quiere una visita tranquila, que presione a Israel para liberar a los prisioneros políticos.”
Los arrestos se suceden sin que a nadie le importe. La semana pasada fue encarcelado, también mediante detención administrativa sin pruebas y sin derecho a acceder a un abogado, el dibujante de tiras cómicas Mohammad Sabaaneh, del periódico oficial de la ANP. El pasado jueves se extendió su detención por otros nueve días. Me recuerda a lo que sucede en otros lugares supuestamente menos democráticos.


Tira del dibujante Mohammad Sabaaneh
http://bit.ly/VEAsqQ )


Esta noche dos películas, una israelí y otra palestina, compiten por el Oscar a mejor documental, y las dos tratan, de lleno o de pasada, las detenciones aleatorias palestinas. A ver si por lo menos, con un poco de suerte, me levanto mañana y la BBC cuenta que ha ganado alguna de las dos.


miércoles, 2 de mayo de 2012

JORDANIA: "El Rey no me deja ni tener una moto"


Nos juntamos en una estación de servicio de la autopista, en el sur de Ammán. Una cuadrilla de moteros llegaron haciendo rugir sus Harleys casi a la vez que nosotros. “Yo quise tener una moto y la licencia para conducirla, pero se me negó por formar parte de la oposición al gobierno”. Mohammed Saudi es un ex parlamentario jordano que se unió a las manifestaciones contra el sistema desde su comienzo, en marzo de 2011. Llegó a nuestro punto de encuentro junto con un colega suyo, antiguo militante de la OLP palestina en Jordania. “En Jordania, por razones de seguridad, sólo puedes conducir una moto si las fuerzas de seguridad te conceden el permiso para ello, así que sólo los que adoran de manera probada y comprobada al rey pueden acceder al club exclusivo de Harleys”, me cuenta.
Dejando a las motos atrás, nos subimos en su Mercedes y ponemos rumbo a la meridional ciudad de Tafile, donde al cabo de unas horas va a tener lugar la manifestación de los viernes contra el sistema. “Me gusta ir a las manifestaciones del sur porque allí es donde se dice la verdad. En Amman sólo se pide la reforma del sistema; en Tafile se pide la caída y se canta contra el rey”, afirma.
Las ciudades del sur son el lugar donde residen las tribus originarias de Jordania, a diferencia de Amman y las ciudades del norte, pobladas mayoritariamente por refugiados palestinos. Los sucesivos monarcas concedieron diversos privilegios a las tribus para asegurar cierto apoyo sobre el terreno, pero desde que el actual rey Abdallah II llevó a cabo su Plan de Reforma Económica en 2003, multitud de casos de corrupción quedaron al descubierto y, con el estallido de la primavera árabe en la región, el sur jordano decidió comenzar con sus propias protestas.  





(Manifestación en Tafile)


Por el camino, Saudi me explica que “gané las primeras elecciones parlamentarias a las que me presenté por la región de Buseira (al norte de Petra). Me volví a presentar en las siguientes elecciones, en 2010, y me hicieron perder, dijeron que por un margen de unos pocos votos. En su lugar pusieron a alguien amigo de las fuerzas de seguridad”. Le pregunto por qué: “Hacía preguntas incómodas. Una vez me di cuenta de que, a la hora de hacer los presupuestos, faltaba el 20% de los 7,5 billones de dinares recaudados en impuestos. Así que pregunté a dónde había ido ese dinero. Muchos parlamentarios me pidieron que me callase y nunca se me respondió”. En cuanto al parlamentario que ganó en su lugar, “es un pobre hombre que no tiene dinero ni para pagarse la gasolina. Eso es lo que el gobierno quiere: alguien a quien puedan controlar, que obedezca sus órdenes en cuanto le llaman al móvil”.
                Casi una hora después de comenzar nuestro viaje, llegamos al área donde se encuentra la antigua Compañía Nacional de Fosfato. “En 2005 la empresa fue vendida por 100 millones cuando costaba unos 10 billones. Dijeron que se la vendieron al sultanato de Brunei, pero de hecho acabó en manos de un familiar del rey. Un comité del parlamento llevó a cabo una investigación y recomendó llevar a todo los implicados a los tribunales, pero el parlamento votó en contra”. Saudi me explica que “es muy fácil comprar a la gente en el gobierno y yo tengo dinero para poder hacerlo y vivir cómodamente, pero no es eso lo que quiero para mi país.”
                Al poco llegamos a Al Hissa, ya en el estado de Tafile, un poblado cuyos habitantes trabajaban en su mayoría en la compañía de fosfato. Dejamos a nuestra derecha una moderna urbanización que, según Saudi, “es el lugar que se habilitó para los trabajadores de la empresa, pero ahora está vacía.”  
                Casi al final de nuestro viaje, entramos en una carretera sinuosa recientemente asfaltada que lleva hasta a Tafile. “Se han pasado 21 años construyendo esta carretera, y se da la casualidad de que en cuanto empezaron las protestas la terminaron en cuestión de unas semanas”.
                Las protestas contra el sistema (por su reforma en Ammán, por su caída en las ciudades del sur) dura ya más de un año; 22 manifestantes fueron detenidos en Tafile a finales de febrero y otros 30 en Ammán un mes después, cuando se cantaron por primera vez consignas contra el rey en la capital. A los Hermanos Musulmanes se les ha prohibido presentarse a las próximas elecciones; es el grupo de la oposición más organizado y que cuenta con el apoyo de la mayoría de los palestinos en Jordania, grupo que asciende al 70% de la población del país).
                Saudi reconoce que quiere una monarquía para Jordania, pero “no un show de un solo hombre. Tenemos un rey intocable que más bien parece un Dios; lo que quiero es una monarquía constitucional como la de Inglaterra en la que la Constitución no se cambie a cada paso. Esta debe ser un contrato entre el rey y el pueblo, no un documento que se cambie a gusto del rey para que este pueda hacerlo todo sin responsabilidades”.